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domingo, 8 de julio de 2012

"Yo bien sé que algún día será nuestro día", del libro "Yo he vivido en la tierra"


Yo bien sé que algún día será nuestro día,
como peces ligeros en nuestro elemento,
algún día vibraremos con la satisfacción
de estar dentro del agua, de sabernos queridos
por cuanto nos rodea.

Si no qué significa este deseo
de tener en el pecho algo más que instrumentos,
si no para qué íbamos a andar inventando canciones
de cuna y alegría,
si no por qué iba a ser esta luz
tan hermosa y tan limpia,
esta luz tan entera,
tan precisa y tan recta.

El agua vivirá sobre nuestras cabezas,
beberemos sus mágicas caídas:
la salud será el círculo que recorreremos
dulcemente, sonriendo, sin esquinas ni vértices en la mirada,
porque hemos nacido para esto, para estar juntos, sabios,
jugando en el jardín de la simplicidad.

Ahora estamos viviendo en la miseria,
apenas cubren nuestros calcetines
el hueco del zapato,
ahora somos parásitos del miedo,
comiendo el bocadillo de la supervivencia.

Mendigamos un trozo del pastel
de la inmensa ternura acumulada
en nuestro propio corazón,
la ternura que hemos ido creando en nuestros sueños,
en nuestra larga huida,
en la busca de un cuerpo de destino,

un abrazo de meta y comprensión.   

martes, 5 de mayo de 2009

Poema 9 de Ciudad Iluminada

9
En algún punto está mi concreción. Alguna fiesta. He de oler entre hipnóticos perfumes, perfumes de mujer que se embozan el pecho de insistencias. Tengo que llegar a mi región, a la tierra en la que tengo gente. La primavera ha estallado en silencio, y la lluvia ha dejado limpio el aire. La luz es la señora. La luz blanca. La calle es una riada de gente y yo debo encontrar mi rostro verdadero.
Han dicho que soy joven, y que eso es fantástico. Pero a mí poca gente me sonríe, y yo no tengo nada, sólo un limpio deseo que no sé canjear. Como la primavera estoy brotando, estoy haciendo fuego contra el mundo, aunque no sepa aún cómo entregar mi llama.
Quiero amar, quiero mi parte en el planeta, y estas damas de plástico y toxinas han llenado el espacio con su angustia, sus olores de falsa primavera. Me pueden despreciar los consultores, las bellezas del mundo superior, me empujarán los cómodos extraños y seré ignorado principalmente por todo el mundo; yo tampoco veré sus caras muertas.
Pero en algún punto sano del espacio entrará mi mirada de tornillo y hallaré quien me crea, quien me vuelva al jardín de la existencia. Significaré cuando me reconozcan. Estoy vivo, y si una criatura de mi especie se cruza en mi camino, sabré reconocerla. Sólo tengo una flor en mi sonrisa, y el que sólo tiene una cara es verdadero y es puro y es real.
Si el deseo lo emito como esta luz de día, si sólo primavera es mi solicitud, si caigo como el limpio del cielo sobre el aire, no habrá nada que pueda gastarme la estatura, y nunca seré infame, ni necio ni culpable, si tan sólo a mi piel es a quien sirvo.